BENVINGUTS

Una de les principals aportacions de la civilització romana, juntament amb el seu dret i el seu idioma, el llatí, va ser l'ordenació del seu territori i de les seves ciutats, configuració que en molts casos ha arribat fins els nostres dies. Aquest bloc pretén recollir totes les aportacions, documentació i publicacions que en aquesta matèria s'han realitzat i es continuen fent i que abasten des de la creació, planificació, legislació i desenvolupament de l'urbanisme romà.

dissabte, 14 de maig de 2016

LAS CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DE LAS VILLAS ROMANAS





Autor:  Francisco Cidoncha Redondo


En este artículo trataremos de analizar la importancia y las características principales de las villas en el mundo romano. Con el término “villa” se podía hacer referencia no solamente a las lujosas casas de campo sino también a las modestas construcciones que estaban al servicio de las labores agrícolas.

Las características de cada villa dependían de la situación económica de su propietario, habiendo una gran variedad de tipos en relación a su tamaño, distribución o situación geográfica. La villa comprendía no solamente la vivienda de su propietario, sino que también incluía todas aquellas instalaciones destinadas a la explotación de la propiedad y los lugares para almacenar su producción.

En muchas ocasiones, estas villas eran los lugares de descanso y recreo de la élite romana. En sus propiedades rurales solían establecerse ciertas temporadas al año y así huir de la vida urbana. La red de calzadas favoreció la proliferación de estas casas de campo a lo largo de toda la campiña romana. Estos caminos facilitarían la comunicación y el transporte de los productos agrícolas que eran destinados a los mercados de las ciudades. Algunas de ellas se convirtieron en auténticas casas de recreo que se ubicaban en las montañas pero también hay ejemplos de villas que se  situaban en la costa con vistas al mar. Muchas de las villas más impresionantes se localizaban en torno a la Campania y al golfo de Nápoles. Sabemos de la existencia de lujosas residencias, ricamente decoradas, a las que se retiraron algunos emperadores, intelectuales y personajes destacados de la aristocracia romana huyendo de la vida pública y de las incomodidades de las ciudades. En los Epigramas, Marcial quejándose de los ruidos de Roma nos cuenta:

Me despierta la risa de la turba que pasa y Roma entera está en mi cama. Cuando quiero dormir, hastiado de disgusto, me voy a mi villa” (XII, 57, 26-28). (+)








diumenge, 28 de febrer de 2016

NO SÓLO EN LA DOMUS VIVE EL ROMANO





Autor: Francisco Cidoncha Redondo



En un artículo anterior hicimos un repaso a las características principales del modelo típico de domus como vivienda de las élites romanas. Sin embargo, había diversos tipos de viviendas para los grupos más humildes de la sociedad romana cuyos rasgos generales analizaremos en el presente artículo. Junto a ello abordaremos los problemas a los que tenían que enfrentarse diariamente.

La demanda de viviendas por parte de los sectores populares, sobre todo en las grandes ciudades, tuvo como consecuencia una amplia tipología de lugares para vivir. Al mismo tiempo, la especulación sobre las mismas se convirtió en un negocio bastante rentable para los propietarios de los inmuebles que eran alquilados. El elevado precio de los alquileres también contribuyó a desarrollar una gran versatilidad de espacios habitables. En la mayoría de los casos eran lugares con una reducida calidad, diminutos y con precarias condiciones.

Entre las viviendas más conocidas destacan las insulae o bloques de pisos, construidos en altura, y frecuentes en las ciudades grandes del Imperio, como por ejemplo Ostia o Roma. En dichas ciudades el espacio era reducido y la densidad de población era bastante grande por lo que se hacía necesaria la construcción de este tipo de viviendas. A ello hay que unirle los procesos especulativos del suelo que hicieron rentables su edificación. Estos edificios estaban divididos en apartamentos en los que vivían una amplia variedad de sectores sociales cuyo poder adquisitivo no era demasiado elevado.

Debido a su verticalidad, es difícil estudiar estos edificios y su división a través de sus restos arqueológicos que nos han llegado hasta la actualidad. A pesar de ello, contamos con algunos ejemplos y con testimonios de escritores de la época que nos ayudan a conocer cómo eran estas insulae. El empleo del ladrillo y el uso de las bóvedas eran claves en la construcción de estos edificios pudiendo alcanzar hasta tres o cuatro pisos.  En cuanto a su división interna, normalmente  las insulae estaban organizadas de la siguiente manera: (+)



diumenge, 20 de desembre de 2015

LOS EDIFICIOS DE GRAN ALTURA Y SU NORMATIVA EN EL MUNDO ROMANO. EL CASO DE CONSTANTINOPLA


Casa de Diana en Ostia


Xavier Laumain,
Angela López, 
Francesc Sánchez *

Resumen:

El mundo romano vio desarrollarse una sociedad fuertemente urbana. El crecimiento de los núcleos de población, con Roma a su frente, exigía una organización de infraestructuras suficientes para responder a las necesidades de una población cada vez más numerosa. Con el desarrollo de la Urbs, su atractivo y su posición de centro del “mundo civilizado” provocó importantes migraciones que participaban a la cada vez mayor carencia de alojamiento. El espacio limitado del recinto de la ciudad generó la necesidad de buscar solventar la falta de suelo con la construcción en vertical, de edificios cada vez más altos. Para limitar los abusos, y los riesgos, el legislador romano tuvo la preocupación, de forma muy temprana, de tener en consideración estas condiciones. Esta evolución histórica, durante varios siglos, se vio recogida en la Legislación de Zenón, heredera de la experiencia anterior, aplicada al caso concreto de Constantinopla, la nueva ciudad de referencia del Imperio. El análisis de dicho código nos permite acercarnos tanto a la historia legal en el mundo romano en general, como a la situación de la capital de Imperio de Oriente en particular.

1.    Introducción

La sociedad romana se caracteriza por ser eminentemente urbana. En sus aglomeraciones trasciende la relevancia de la planificación y del orden. A su vez, aparece claramente en ella la importancia de los espacios públicos, la preocupación por las infraestructuras – redes públicas de abastecimiento de agua, de desagüe, red de carreteras, pavimentación de calles, etc. – y los servicios públicos – termas, teatros y anfiteatros, bibliotecas, etc. –, demostrando la profunda voluntad de generar espacios comunes de vida, de agruparse en comunidades estructuradas tanto a nivel social como urbanístico. Si bien existían edificios diseminados en el territorio, esto solían responder a necesidades concretas, vinculadas con grandes propiedades agrícolas, vías de comunicación o espacios religiosos.

Este convencimiento de la urbanidad como signo de desarrollo, demostrado a través de sus realizaciones, se confirma en la actitud despreciativa que tienen los Romanos frente a otros pueblos que viven de forma “primitiva”, considerándoles como bárbaros, como puede ser el caso de los Germanos (1), o de los Galos. Sus aldeas, generalmente de pequeño tamaño y aisladas, estaban constituidas de construcciones de tipo cabaña, como lo que se conoció en tiempos remotos (2).

Si bien la organización de las ciudades, independientemente de su tamaño, era estricta y densa, existen casos paradigmáticos del carácter urbano de los romanos, como pueden ser Constantinopla o la misma Roma. Esta última llegó a contar con un millón de almas. Durante toda su historia, la demanda constante de vivienda, debido al atractivo de la Urbs por su carácter de centro del mundo romano, proporcionó una situación de tensión urbanística (3), cuyos efectos se recogen de forma insistente en lo textos clásicos (4).

 Esta necesidad de dar cobijo a una multitud cada vez mayor de habitantes generó a su vez un fenómeno de especulación inmobiliaria sin precedente. La actividad en torno a la compra de solares o edificios, con el fin de construir nuevos inmuebles y sacar un aprovechamiento económico óptimo de la operación, propició la construcción de edificios cada vez más altos, destinados al alquiler de cenaculae (5) o de domus. Dichos inmuebles se solían construir de forma rápida y barata, conllevando una mediocre calidad de ejecución – junto con un descuido del mantenimiento por parte de los propietarios (6) – y por consecuente grandes riesgos de derrumbes o incendios.

Paradójicamente, debemos alejarnos de la visión que nos pueden transmitir erróneamente estas condiciones, y admitir que estos inmuebles no sólo eran para gente pobre o humilde. De hecho, los más pobres no podían tener acceso a estas viviendas, cuyos precios requerían a menudo tener ingresos mínimos de los que gran parte de la población no disponía. Los más desafortunados no podían ni siquiera acceder a apartamentos, aunque fuesen insalubres. Tampoco el valor de los pisos era homogéneo.  Así, en un mismo edificio, era normal que se  superpusieran – en el sentido literal de la palabra – distintas capas sociales, cada vez más humildes conforme se subía en altura, quedando el espacio de la cambra para los inquilinos más pobres.

Si nos fijamos pues en los textos clásicos, en la bibliografía científica contemporánea, y en testimonios como la Forma Vrbis Romae, no cabe duda de que Roma fuese una ciudad densamente edificada y poblada, donde existía una carrera hacia las alturas por falta de espacio y necesidad de alojamiento, urbanismo vertical que a su vez generaba numerosos peligros. Por esta razón, los Romanos tuvieron que legislar, ya de forma temprana, sobre la forma de construcción, la altura edificable máxima y las servidumbres que debían afectar a los edificios, con tal de garantizar seguridad para los habitantes y viabilidad urbanística. (+)

Este artículo ha sido publicado íntegramete en el blog de Arraona Romana.

(*) Comunicación presentada en el mes de octubre de 2013 el International Istanbul Historical Peninsula Symposium

dissabte, 12 de desembre de 2015

LA CENTURIAZIONE ROMANA




 
La centuriazione era il sistema con cui i romani organizzavano il territorio agricolo, fondato sullo schema che già usavano per i “castra” e nella fondazione di nuove città. Essa si caratterizzava per la regolare disposizione, secondo un reticolo ortogonale, di strade, canali e appezzamenti agricoli destinati all’assegnazione a nuovi coloni che in molti casi erano legionari in congedo.

I romani cominciarono ad utilizzare questo sistema in relazione alla fondazione, nel IV secolo a.C., di nuove colonie in territorio sabino. Lo sviluppo delle caratteristiche geometriche ed operative che sarebbero divenute quelle classiche si ebbe con la fondazione delle colonie nella pianura padana, a partire dalla città di Ariminum (Rimini) nel 268 a.C..

La legge agraria promulgata da Tiberio Gracco del 133 a.C. prevedeva la privatizzazione dell’ager publicus, e ciò dette un grande impulso alle divisioni di terre effettuate mediante la centuriazione, che in seguito venne utilizzata sia nei casi di bonifiche e di fondazione di nuove colonie, sia nell’assegnazione di terre ai veterani delle tante guerre civili tra la fine della Repubblica e l’inizio dell’Impero, tra le quali la Battaglia di Filippi del 42 a.C..

La diffusione delle centuriazioni fu capillare in tutta Italia, esempio ne è il fatto che in alcune province tra Roma e Salerno, per esempio, sono state rintracciate fino a 80 diverse centuriazioni effettuate in epoche differenti.

L’ager centuriatus veniva tracciato dall’agrimensore che, analogamente agli insediamenti, individuava un “umbilicus agri” da cui, mediante una groma, tracciava due assi stradali perpendicolari tra loro: il primo generalmente in direzione est-ovest, chiamato “decumano massimo”, il secondo in direzione nord-sud, detto “cardine massimo”. In altre occasioni ci si basava sull’orientamento di vie di comunicazione già esistenti, come ad esempio le centuriazioni lungo la via Emilia, o ad altre caratteristiche del territorio .
Talvolta, risultavano essere il prolungamento del cardo e del decumano massimo di una città, la quale veniva dunque a trovarsi in corrispondenza dell’umbilicus sopra citato.

La centuriazione era una caratteristica tipica di terreni pianeggianti, tuttavia sono state documentate anche centuriazioni anche in zone collinari.

L’agrimensore si posizionava nel punto prescelto con lo sguardo rivolto verso ovest e definiva il territorio: col nome “ultra” ciò che vedeva davanti, “citra” quanto aveva alle spalle, “dextera” quello che vedeva alla sua destra e “sinistra” quello che vedeva alla sua sinistra.

In un secondo momento venivano tracciati da una parte e dall’altra degli assi iniziali i cardini e i decumani secondari, detti “limites quintarii”. Erano assi stradali posti paralleli ad intervalli di circa 3,5 km. Il territorio risultava così suddiviso in superfici quadrate che venivano chiamate “saltus”.

La rete stradale veniva ulteriormente infittita con altre strade parallele ai cardini già tracciati ad una distanza tra loro di poco superiore ai 700 metri. Le superfici quadrate risultanti da questa ulteriore divisione erano le “centurie”. Tali dimensioni si imposero in effetti al momento di dover delimitare le grandi estensioni della pianura padana, mentre in precedenza si era fatto uso di centurie di dimensioni minori.



La centuriazione del territorio de Padova

Le larghezze stradali, erano le seguenti: 40 piedi romani (11,84 m) per il decumano massimo, 20 piedi romani (5,92 m) per il cardo massimo, 12 piedi romani (3,55 m) per i limites quintarii, 8 piedi romani (2,37 m) per le altre strade.

Ogni centuria era suddivisa in dieci strisce, sempre con linee parallele ai cardini e ai decumani, alla distanza tra loro di una settantina di metri, formando così 100 superfici di quadrati di circa 0,5 ettari chiamate “heredia” .

Ogni “heredium” era suddiviso a metà nell’asse sud-nord costituendo due iugeri che era la quantità di terreno che poteva essere arata normalmente in un giorno da un paio di buoi.

Gli esempi più significativi, in Italia, di questa organizzazione territoriale si trovano ancora oggi nella zona di Acerra, Capua, Nola, in Campania; nella provincia di Bergamo nella zona di Treviglio, nei dintorni di Cesena, nella Provincia di Cremona, a Firenze nella piana ad ovest fino a Prato e oltre, in Piemonte nella zona dell’alessandrino, in Provincia di Mantova, nel Padovano, a Villadose, comune della Provincia di Rovigo, dove è presente anche un museo dedicato alla centuriazione del territorio.

Gli autori latini Varrone e Frontino individuarono nella disciplina etrusca l’origine della pratica della centuriazione. I rituali religiosi messi in pratica dai sacerdoti etruschi avevano il compito di suddividere lo spazio terrestre sulla base dell’ordine celeste seguendo l’orientamento del sole e della luna per tracciare la divisione principale che correva da Est a Ovest a cui seguiva una seconda ripartizione in senso Nord-Sud. Tale impianto, realizzato su base astronomica, si rileva anche all’origine di alcune centuriazioni romane particolarmente antiche, come quella di Rimini, in cui la parte più arcaica segue un orientamento celeste.

dimecres, 18 de març de 2015

LA VIVIENDA ROMANA: CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DE LA DOMUS





En este artículo nos centraremos un tipo de vivienda romana, la domus, la casa grande y lujosa que pertenecía a las élites romanas. Para saber cómo eran estas domus contamos con los mejores ejemplos conservados procedentes de ciudades como Pompeya o Herculano. Para comenzar, una de las características que hay que tener en cuenta sobre la típica domus romana era que estaba orientada hacia el interior, es decir, el aire y la luz entraban a las diferentes dependencias a través de una serie de patios. Por este motivo, la ventanas al exterior no eran frecuentes y las que se construían solían ser irregulares y pequeñas. Al mismo tiempo, al volcarse al interior se preservaba la intimidad de la domus.

Hay una gran variedad en cuanto a la tipología de las domus romanas pero, más o menos, solían cumplir con un modelo ideal. Según el arquitecto romano Vitruvio, la casa podía ser dividida entre las dependencias privadas (dormitorios, baños, etc.) y las dependencias públicas (vestíbulos, patios, etc.). Las principales partes del modelo típico de casa romana serían: (+)

dilluns, 5 de gener de 2015

LAS ÍNSULAS, LOS ADELANTADOS BLOQUES DE PISOS ROMANOS




En las ciudades modernas resulta absolutamente normal que la gente viva en un bloque de pisos. El precio absolutamente desorbitado del suelo urbano, la especulación inmoral y la demanda de vivienda en el centro de las ciudades hace que la gente vivamos en auténticas latas de sardinas apiladas... y esto, viviendo en L'Hospitalet, le puedo asegurar que sé de lo que estoy hablando. El crecimiento de polígonos residenciales durante los últimos 50 años, se han disparado y ahora resulta absolutamente normal tener edificios de varios pisos, con sus bajos ocupados por comercios. Sin embargo, si creía que esto era una cosa nueva, está muy equivocado, porque los romanos, hace 2.000 años, ya construían edificios de hasta nueve pisos de altura que no se diferencian en nada de los que vemos hoy en día: son las insulae romanas. (+)

diumenge, 21 de desembre de 2014

UNA BURBUJA INMOBILIARIA A LA ROMANA (3)




Tras la muerte de Tiberio Graco, la ley agraria continuó su desarrollo. Por suerte para la República romana, algunos de sus dirigentes habían cobrado conciencia de la necesidad de introducir cambios en el sistema si pretendían que Roma continuara funcionando de la forma que lo había hecho durante milenios. Los repartos de tierras se realizaron en parte, aunque siempre con la oposición de la mayoría de los senadores, que veían cómo su gigantesco patrimonio quedaba reducido.

Sin embargo, ningún político se atrevió a seguir la estela de Tiberio Graco. Hay que esperar diez años para que, con la llegada de su hermano pequeño Cayo al tribunado de la plebe, un aristócrata se atreva de nuevo a tratar de reformar un sistema que estaba herido de muerto tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. Aunque la historiografía moderna ha dedicado una atención preferente a la figura de tiberio, lo cierto es que Cayo fue un político con una amplitud de miras con la que su hermano no pudo ni soñar jamás. De no haber sido asesinado, Cayo Graco se habría convertido en el gran hombre de estado que habría salvado la República romana de su desaparición. Este personaje necesita una profunda revisión y una justa valoración fuera de la sombra de su hermano Tiberio, al que, desde mi punto de vista, superó ampliamente como político y estadista. (+)