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Una de les principals aportacions de la civilització romana, juntament amb el seu dret i el seu idioma, el llatí, va ser l'ordenació del seu territori i de les seves ciutats, configuració que en molts casos ha arribat fins els nostres dies. Aquest bloc pretén recollir totes les aportacions, documentació i publicacions que en aquesta matèria s'han realitzat i es continuen fent i que abasten des de la creació, planificació, legislació i desenvolupament de l'urbanisme romà.

divendres, 8 de juny de 2012

NORMATIVA HISTÓRICA ROMANA SOBRE URBANISMO. NORMAS REGULADORAS DE LA DISTANCIA ENTRE LOS EDIFICIOS (II)

Autora: María Encarnación Gómez Rojo

En cuanto al primero de estos apartados, una antigua prescripción de las XII Tablas ordenaba dejar en torno al edificio un espacio libre o franja de terreno, llamada ambitus (que corresponde al iter limitare en los fundos rústicos o "spatium illud, quod inter vicinas aedes intercedere necesse erat"). Ese espacio libre era en total de 5 pies, es decir, dos pies y medio por parte de cada edificio. Así lo entendía Isidoro de Sevilla, quien lo define como "el espacio de dos pies y medio que se deja entre dos edificios vecinos para permitir la circulación entre ellos". Un pie romano equivale aproximadamente a 0,296 m. (31,5 cm. más o menos en nuestro sistema métrico decimal). El ambitus pronto cayó en desuso y las casas fueron construidas con muros medianeros por necesidades de espacio, pues Roma y otras ciudades debían albergar una población cada vez más numerosa que se apiñaba tanto en las domus (casas señoriales) como en los grandes edificios por pisos, normalmente destinados al alquiler: insulae. El tirano Nerón, en el siglo I d. C., quiso poner remedio y corrección a esa situación, aprovechando las funestas y ominosas consecuencias del tristemente recordado incendio de Roma del 64, que tuvo una duración de ocho días y que supuso la devastación y destrucción parcial de nada menos que 10 regiones augusteas (de las 14 en que Augusto había dividido la ciudad) y, entre otras cosas, ordenó construir las casas alineada y separadamente sin muros medianeros, aunque se desconoce el ajuste y medición concreta en pies que estableció. Estas disposiciones de Nerón, parece ser que fueron aplicadas en Hispania, específicamente en la remodelación de Itálica a la que este último Emperador concedió la categoría de colonia, corriendo él mismo con los gastos de engrandecimiento y reordenación de la misma, de forma que los arquitectos imperiales llevaron a cabo un plan urbanístico a costa del Emperador que se plasmaría en el nuevo trazado que se le dio a la ciudad en el siglo II, lo que se habría realizado siguiendo con meritoria y laudable escrupulosidad lo ordenado por Nerón en el año 64, promulgando también Trajano normas en ese mismo sentido. Más tarde, a partir del siglo IV, se sucedieron las normas sobre distancias, sobre todo, en relación con los edificios públicos. Una constitución de Constantino del 329, recogida en CTh. 15, 1, 4 establecía una distancia mínima de 100 pies en torno a los almacenes públicos para evitar el peligro de incendios. Dentro del Derecho justinianeo, y respecto a las distancias entre edificios públicos sin distinción y edificios privados, Arcadio, Honorio y Teodosio II prescribieron en el 406 dejar un espacio libre de 15 pies según lo dispuesto en CTh. 15, 1, 46 y esta constitución fue incorporada al Código de Justiniano como C. 8,10,9.
Para los edificios privados (tanto domus como insulae), la norma general sobre distancia fue establecida en una conocida constitución del emperador de Oriente, Zenón, la ya mencionada en nota "De aedificiis privatis", redactada en griego, cuya fecha exacta no ha sido clasificada por la historiografía tras muchas lucubraciones, algunas bien hilvanadas y otras ornadas de claro desacierto, pero situable en las postrimerías del siglo V. La ley zenoniana publicada en origen para Constantinopla, fue extendida a todo el Imperio por obra de Justiniano, quien ordenó su aplicación general a todas las ciudades en el 531, y así parece recogido en CI. 8, 10, 13. Concretamente Zenón ordenó en su norma, contenida en C. 8,10,12, guardar un espacio de 12 pies intermedios (respecto a lo que se pueden establecer, no obstante, ciertas matizaciones) entre edificios vecinos, es decir, 3,54 metros según la equivalencia ya analizada en nota, sin posibilidad de que los propietarios pactasen otra distancia. Entre las normas sobre distancia posteriores a la Constitución de Zenón, merecen ser destacadas la constitución de Justiniano incluida en CI. 8, 10, 13 y una novela del emperador León VI el filósofo.


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