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Una de les principals aportacions de la civilització romana, juntament amb el seu dret i el seu idioma, el llatí, va ser l'ordenació del seu territori i de les seves ciutats, configuració que en molts casos ha arribat fins els nostres dies. Aquest bloc pretén recollir totes les aportacions, documentació i publicacions que en aquesta matèria s'han realitzat i es continuen fent i que abasten des de la creació, planificació, legislació i desenvolupament de l'urbanisme romà.

dissabte, 16 de juny de 2012

NORMATIVA HISTÓRICA ROMANA SOBRE URBANISMO. NORMAS SOBRA ALTURA MÁXIMA PERMITIDA EN LOS EDIFICIOS (III)

Autora: María Encarnación Gómez Rojo

En época de Augusto, en concreto en el año 6 a. C., se dictó la Lex Iulia de modo aedificiorum urbis para Roma, que después fue extendida a otros núcleos urbanos del Imperio, y en la que estableció una altura máxima de los edificios de 70 pies, según cuenta Estrabón. Después Nerón ordenó rebajarla "cohibitaque aedificiorum altitudinem". pero desconocemos cuánto exactamente. Más tarde Trajano estableció la altura máxima en 60 pies, según nos relata Aurelio Victor.
En cuanto al Derecho justinianeo, como hemos dicho, Justiniano reasumió expresamente la norma sobre ordenación urbanística de una ciudad Constantinopla dictada por un predecesor suyo, Zenón. Éste aludió a la altura de los edificios en distintos fragmentos de su ley, siendo quizás especialmente significativos CI. 8, 10, 12, 2, donde se especifica que la altura del edificio no tenía más límite que la voluntad del propietario a condición de que se respetasen los 12 pies intermedios antes citados y no se obstaculizara la inmediata posibilidad de proyectar la visión humana sobre el mar a quien ya disfrutase de ella y CI. 8, 10, 12, 4 que introduce una matización no circunstancial respecto a lo dispuesto en el apartado anterior, puesto que de su literal tenor se deduce que se permitía obstaculizar una vista panorámica del mar lícitamente, construyendo un edificio a cien pies de altura como máximo y siempre que observaran otros cien pies como mínimo respecto a los lugares circundantes.
Como puede deducirse de estos fragmentos, las normas sobre altura de los edificios se hallaban, para Zenón, en estrecha conexión con las distancias de seguridad a guardar. Por otra parte, el fundamento de estas normas no era sólo como en la legislación antigua, prevenir los incendios y hundimientos de las casas, que debieron ser habituales en Roma y otras ciudades, sino también garantizar las relajadas y siempre complacientes panorámicas del agua agitándose en las olas del piélago milenario, testigo incansable de culturas (lógico por otra parte, pues Constantinopla era ciudad marítima). ¿Se aproxima Zenón con su disposición a lo que en nuestros días podríamos calificar como un buen planificador urbano? La historiografía piensa afirmativamente al respecto, aunque su figura no acaba de introducirse en la historia del urbanismo reconociéndole como uno de los hitos más significados en el proceso secular dirigido a hermosear las ciudades.


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