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Una de les principals aportacions de la civilització romana, juntament amb el seu dret i el seu idioma, el llatí, va ser l'ordenació del seu territori i de les seves ciutats, configuració que en molts casos ha arribat fins els nostres dies. Aquest bloc pretén recollir totes les aportacions, documentació i publicacions que en aquesta matèria s'han realitzat i es continuen fent i que abasten des de la creació, planificació, legislació i desenvolupament de l'urbanisme romà.

diumenge, 14 d’octubre de 2012

LAS MAGISTRATURAS DE LOS MUNICIPIOS: LOS EDILES (III)



Autor: José Maria Blazquez Martínez

Eran dos, actuaban colegiados y entre ellos existía el derecho de veto. Sus competencias eran la policía de los mercados; cuidar del abastecimiento y conservación de los lugares públicos, como vías, cloacas, mercados y baños, conservar los templos y demás lugares sagrados; imponer multas, que debían comunicar a los duunviros; no intervenir en los fondos públicos y vigilar los pesos y medidas. Con autorización de los duunviros podían hipotecar bienes valorados hasta diez mil sestercios. Imponían multas no superiores a los cinco mil sestercios. Podían nombrar jueces y recaudadores de cantidades no superiores a mil sestercios, y tenían asientos sin voto en las reuniones del senado. Se necesitaba para desempeñar la edilidad, haber nacido libre, haber cumplido los veinticinco años y disponer de unos ingresos superiores a los cinco mil sestercios anuales.
En el cumplimiento de sus obligaciones los ediles estaban auxiliados por varios siervos públicos. En Urso los ediles tenían cuatro esclavos públicos a su servicio.
El gran desarrollo del urbanismo que se documenta en los municipios fue labor de los ediles. Los duunviros para reparar o construir un edificio público elevaban propuesta a los decuriones, y debían estar presentes en la aprobación tres cuartas partes de ellos y aprobar la solicitud al menos un tercio. Aceptado el proyecto, los decuriones aprobaban la financiación por el mismo procedimiento, entregando la cantidad oportuna y contando con la aportación de la mano de obra de los ciudadanos o de los íncolas sujetos a las cargas públicas. Cada ciudadano mayor de quince años y menor de sesenta, debía trabajar ocho días al año para el municipio, y los dueños de bestias de carga cederlas durante el mismo tiempo. Los ediles supervisaban las obras y controlaban las aportaciones, nunca manejaban fondos públicos y frecuentemente utilizaban su magistratura para acceder al duunvirato, como consta por las inscripciones de Tarragona y Barcelona.

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